lunes, 22 de abril de 2019

San Valentín en Sofá

San Valentín

San Valentín en Sofá

Un San Valentín en Sofá

Esta semana nos bombardean con anuncios de San Valentín, como si tuviéramos la obligación de sentirnos enamorados más que nunca, como si los sentimientos tuvieran fecha para sentirse, el día 14 todos llenos de amor porque lo dice los anuncios, pero los sentimientos son humanos y como tales inconstantes e imprevisibles. Ese día puede que estés con un corazón roto e incluso odies a quien hasta hace poco amabas o puede que estés enamorado pero tu amor no sea correspondido, por lo que te sentirás triste y desolado.

Bueno, esta claro que esto solo es una broma, la verdad es que es un día que me gusta, por que todo lo que sea realzar el amor me sienta bien.
Recordemos un poco de que hablamos. En este caso lo mejor es el bienvenido siempre nuestro querido sofá, el el veamos como empezó todo esto.
Se cuenta que; en Roma en el siglo lll. Para esa fecha el matrimonio entre los soldados y sus respectivas novias estaba prohibido, ya que consideraban que los hombres solteros rendían mas en el campo de batalla. Pues San Valentín les casaba en secreto y bajo juramento cristiano.



San Valentín fue llevado a la cárcel y procesado, mientras esperaba ser ejecutado se dedicó a dar clases. Se enamoró de una chica. Antes de morir le escribió una carta de despedida que firma con "de tu Valentín".

Hoy día muchas cartas de amor terminan en "From: your Valentine"

Dos siglos después de su muerte la iglesia católica lo canonizó patrón de los enamorados.

Las cenizas de este sacerdote cómplice de los soldados enamorados reposan en la Basílica de San Valentín en Termi.
Recuerda; si tienes pareja cuídala pero si estas en transición, un buen sofá y unos buenos recuerdos es también un método y ya vendrán mejores tiempo. Tener pareja es estupendo, pero si no la tiene estar libre es el primer paso.

San Valentín en sofá

Versión poética

Nos lanzan corazones desde cada escaparate,
como si el amor tuviera un día exacto
y una hora precisa para florecer.
El catorce —dicen— hay que sentirse enamorado,
hay que comprar, besar, mirar al cielo
como si el deseo fuera una cita en la agenda.

Pero el amor no sabe de fechas,
ni el desamor avisa cuando llega.
Ese día puedes tener el alma rota,
o un “te quiero” que nadie escucha.
Tal vez el amor te habite,
pero se esconda en alguien que no te ve.

Y sin embargo,
entre tanto ruido y mercadería,
hay algo que me gusta del día de San Valentín.
Será que celebrar el amor,
aunque sea en soledad,
siempre me sienta bien.

Entonces me siento,
como tantas veces, en el sofá:
testigo silente de mis tormentas,
aliado tibio de mis sueños,
ese rincón donde el corazón se desviste sin miedo.

Desde aquí, recuerdo.
Roma, siglo III.
Los soldados no podían amar.
Decían que el amor distraía el filo de la espada.
Pero un hombre, Valentín,
creyó más en los besos que en las órdenes,
y casaba en secreto a los enamorados,
con la fe por testigo.

Lo encarcelaron.
Y aún encerrado, enseñaba, soñaba…
y amó.
Le escribió a ella una carta final
y la firmó con ternura:
“De tu Valentín.”

Por eso, hoy,
cada carta que viaja con amor lleva su eco.
Dos siglos más tarde,
la Iglesia lo nombró santo,
y sus cenizas reposan
como un poema dormido
en la Basílica de Terni.

Así que ya sabes:
si amas, cuida.
Si te cuidan, abraza.
Y si estás en pausa,
deja que el sofá te abrace a ti,
como lo hace conmigo,
con una manta, un recuerdo,
y la esperanza
de que lo que fue,
algún día vuelva distinto
o que llegue algo nuevo,
pero verdadero.

Porque tener pareja es bello,
pero estar libre…
también es un principio.

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