domingo, 3 de febrero de 2019

Almas Gemelas

Almas gemelas
Existe mucha polémica acerca de qué significa la expresión almas gemelas.
La creencia más popular es la idea de la media naranja, que de alguna manera lo generaliza bastante bien pero sin profundizar.
Según cierto filósofo griego, los seres primordiales eran hermafroditas.
Para debilitar su enorme potencial los dioses los dividieron en dos entidades, originando así los sexos separados. Si miramos la naturaleza quizás esta manera de definirlo sea bastante verdad.
Desde esta perspectiva, el impulso erótico proviene de la nostalgia de esa otra parte escindida de uno mismo.
El amor, siempre perseguido, podría definirse como la fuerza de atracción que impulsa a buscarse y fundirse en un único ser a esas dos almas que formaron una unidad primigenia.
Sin embargo, aunque nacemos en cuerpos diferentes, la unión de esas almas no termina jamás y a través de muchas reencarnaciones estaremos juntos, cada una en un escenario diferente, viviendo vidas paralelas.
Las almas gemelas tienen los mismos intereses, su atracción algo más que física o sexual y la ternura, cuando la hay, ocupa sus instantes y sus miradas.
Las almas gemelas se complementan en todos los sentidos y quienes lo viven viven en una especie de nube comparable al unisonó.
De hecho, el encuentro suele suceder mucho antes de que ocurra el descubrimiento concreto de esa otra persona. Es común que hayamos vivido la experiencia sin saberlo, de lo que doy fe, porque la afinidad suele ser tan sutil que nuestro ego puede no reconocer la presencia de esa otra parte de nuestro ser.
Cuando has tenido tal prodigio sin detestarlo, ya tu vida tiene sentidos dispares por 

volver lo que quizás ya no pueda ser y tu alma queda dañada.

Revisada

Almas gemelas

Existe mucha polémica acerca de lo que realmente significa la expresión almas gemelas.
La creencia más extendida es la de la “media naranja”, que, si bien generaliza la idea de forma accesible, no alcanza a profundizar en su verdadera esencia.

Según un antiguo filósofo griego, los seres primordiales eran hermafroditas.
Para debilitar su enorme poder, los dioses los dividieron en dos entidades, originando así los sexos separados. Si observamos la naturaleza, tal vez esta explicación mítica no esté tan alejada de la verdad.

Desde esa perspectiva, el impulso erótico nace de la nostalgia: la añoranza por esa otra mitad escindida de uno mismo.
El amor, eternamente buscado, podría definirse como la fuerza de atracción que impulsa a esas dos almas —que alguna vez fueron una— a reencontrarse y fundirse nuevamente en un único ser.

Aunque nacemos en cuerpos distintos, la unión de esas almas no se rompe jamás.
A lo largo de muchas reencarnaciones, se buscan y se encuentran, cada vez en un escenario diferente, compartiendo vidas paralelas.

Las almas gemelas comparten intereses profundos; su atracción va más allá de lo físico o sexual.
Cuando hay ternura, esta habita sus gestos, sus silencios, sus miradas.

Se complementan en todos los sentidos, y quienes viven ese lazo lo hacen como en una especie de nube, en armonía, como en un unísono.

De hecho, el encuentro suele suceder mucho antes de que se produzca el reconocimiento consciente.
Es común haber vivido ya esa experiencia sin saberlo —lo digo con certeza—, pues la afinidad es tan sutil que el ego puede no percibir la presencia de esa otra parte de nuestro ser.

Y cuando has tenido tal prodigio sin haberlo sabido o sin haberlo cuidado, tu vida adquiere sentidos dispares, fragmentados por la nostalgia de aquello que quizás ya no pueda ser.
Entonces el alma, rota, continúa buscando.

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