La Carta (versión editada)
Mi deliciosa criatura:
Cuando me hablas del amor que sientes por mí, mi
corazón salta de alegría.
Cuando me dices que mi recuerdo es
tu constante, mi alma se inunda de pasión por ti.
Cuando
escucho tu voz, te siento tan cerca que me dan ganas de tomarte en
mis brazos.
Cuando pronuncias mi nombre con esa manera pícara
que solo tú sabes, todo mi ser te responde.
Cuando me hablas de
una vida juntos, mi conciencia respira paz y satisfacción.
Cuando
me dices que siempre serás solo mía, siento que mi tesoro es el más
caudaloso del mundo.
Cuando sueño que voy a ser tuyo, me siento
en la gloria.
Nunca me sentí más dividido en mis sistemas, y
sin embargo tan unido por ti.
Mi cuerpo y mi sentir están aquí,
sostenidos por el peso de la masa,
pero mi mente y mis emociones
están allá, contigo.
Cuando paseo por plazas, avenidas y calles, lo
hago partido en dos.
Y es necesario que me llamen la
atención,
porque tal es la concentración que pongo en la mente
al verte
que no me doy cuenta por dónde voy.
Muchas veces
he de rectificar, por haber pasado el destino.
Miro en derredor…
¡jajajajaja! Me río… y caigo.
Cariño: me siento un hombre nuevo.
No sé si
mejor o peor, pero nuevo.
Tus correos, cada día más lindos, y tú, cada
vez más guapa,
según las fotografías que me mandas.
Sueño
con el encuentro, pero no me pongo paupérrimo,
porque quiero
que sea como ha de ser:
amor por amor, tacto a tacto,
para
dejar que los cuerpos hablen el dialecto que les dimane.
Por
eso, nada prometo,
pero sí deseo y necesito… para estar
completo.
Un cuerpo puede no ser nada;
dos cuerpos sí
pueden ser uno. Y un todo.
TE QUIERO.
—A pocos metros
de allí...
—¡Pepe! ¿Dónde está el niño?
—Deja en paz al niño, mujer, que el niño ya mea en pared.
—Tú siempre con tus quijotadas.
Cuando te
pregunto por el niño es porque se está haciendo hombrecito,
y
me preocupa cuando lo veo pensativo y cabizbajo.
—Está bien, mujer, lo que tú digas… pero creo que te preocupas por nada.
—Claro, ahora resulta que un hijo es nada…
(Pepe, susurrando para sí mismo)
—Esta
mujer, siempre con los cuentos sin contar.
¡Pues no ha visto
que el niño ha recibido una carta! ¡Ah, mujeres!

No hay comentarios:
Publicar un comentario