Cuentos sin contar, Menuda pesadilla
Perteneciente a cuentos sin contar, Menuda pesadilla, Lo que es la vida
Versión revisada:
Cuentos sin contar — Menuda pesadilla
Lo que es la vida...
Ahora, más que nunca, creo que una fuerza superior ha querido que nos conociéramos. Te cuento...
El domingo —uno cualquiera— me sentía pleno, satisfecho. Pensaba que habías decidido ser fiel, y le di gracias a Dios.
El lunes, ayer, pasé el día deseando que llegara hoy, porque íbamos a comunicarnos. Aunque tuve mucho trabajo, todo fue más o menos bien. Terminé pasada la medianoche, y sin saber por qué, de repente me sentí triste. Tus recuerdos llegaron confusos; mi mente volaba hacia la tuya... o ¿era tu mente la que me reclamaba con fuerza?
Sin saber muy bien por qué lo hacía, saqué tus fotos y las puse en el panel. Al tocar con los dedos tus labios en una de ellas, te pregunté en voz baja:
—¿Qué quieres, mi vida?
Tu sonrisa pícara, esa que tanto me confunde, volvió a aparecer en mi mente. Entonces, como castigo, llegaron imágenes terribles: tú, en un lecho, haciendo sexo —no amor— con alguien sin rostro. En el sueño, entendía que solo lo hacías por cumplir una palabra dada. Y mentalmente te oía decir:
—Perdóname, yo te quiero a ti. Esto es solo para quedar a cero. Desde ahora, te seré fiel.
Mi corazón se entristeció, ¿cómo no? Cualquier corazón lo haría.
Poco después, la sensatez empezó a asomar y me odié por dejarme arrastrar por unos celos infundados.
Ahora comprendo que esa confusión coincidió con el momento en que decidiste contarme la verdad. Gracias. Sigo confuso, sí, pero te agradezco la sinceridad.
Tus pensamientos y los míos estaban tan conectados que sentí tu tristeza y la transformé en pesadilla. Ahora me doy de tortas simbólicas.
Cuando por fin me tranquilicé, decidí escribirte una carta de amor —esta misma— para que al llegar vieras que te tenía presente a cada instante. Empecé con ese inicio que lees arriba... es como quisiera tenerte aquí, para pedirte perdón por mis malos pensamientos.
¿Te das cuenta, mi tesoro herido? Mi ángel ahora triste… así es como me gustaría tenerte:
Tu cabeza en mi pecho, mi mano izquierda tocando suavemente tu mentón, la derecha acariciando tu nuca. Mis labios sobre tu frente, susurrándote:
—Tranquila, mi amor… no pasa nada.
Y luego, que lo supieras también con mis besos, dulces, en tus labios deseados.
Y recordarte lo que ya te había mandado días antes, como si supiera que algo podría pasar, temeroso de esos análisis.
Vuelve a leerlo, ese poema. Me reafirmo: TE QUIERO.
Nada ha cambiado. TE QUIERO, igual o quizá más.
Le pediré a Dios que esta enfermedad nos una, ya que en la salud no pudo ser.
Cariño… he buscado el poema que te envié, pero no lo encuentro. Quizás tú sí lo recuerdes. Terminaba diciendo:
"Si hay que luchar la vida... la lucharemos."




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