sábado, 9 de febrero de 2019

Hoy puede ser un día muy especial


Hoy puede ser un día muy especial

¿Por que no? Que puede salir mal?

Salió a la calle como cualquier otro día y se que do perplejo, no pasaba nada especial, la gente caminaban, algunas atropelladamente, como si llegaran tarde como cualquier otro día, total nada, todo sigue igual, nada altera la nada que esta cargada de problemas cotidiano, por lo tanto nada en particular pero seguía caminado mientras en su mente seguía repitiéndose, Hoy puede ser un día muy especial.
Miro algún que otro escaparate pero no veía nada especial, la duda era repetitiva, hasta le parecía absurda, nada que rompiera la monotonía, nada que le llamara la atención, aburrimiento, desolación, nublado, casi opaco, gris, al final nada en particular. !Pero no puede ser! se grito en su interior sin que nadie se diera cuenta de que hasta el momento no veía nada que le diera el animo de pensar, Hoy pidiera ser un día muy especial.
Una sonrisa pura y infantil lo miro interrogante, como si en su inocencia se percatara de que buscaba algo para que Hoy pudiera ser ese día muy especial. De repente sus ojos quedaron fijo en una lejana imagen que lentamente se acercaba pero sin mirarle, la imagen femenina estaba absorta en algo cercano a el, más cerca, nerviosismo paralizante, más cerca, perplejo detesta que la imagen que lo hipnotizaba, se acercaba al niño que con la mirada lo interrogaba. Era ella, estaba a menos de dos metros, pero lejísimos, cerca pero tremendamente lejos, pero se sintió feliz. Hoy ha sido un día especial, hoy la volví a ver, ella ni se percato, pero yo la vi.


Hoy puede ser un día muy especial

—¿Por qué no? ¿Qué puede salir mal? —pensó.

Salió a la calle como cualquier otro día y quedó perplejo: no pasaba nada especial. La gente caminaba, algunos con apuro, como si llegaran tarde, como siempre. Nada. Todo seguía igual. Nada alteraba esa nada cargada de problemas cotidianos. Por lo tanto, nada en particular.

Pero él seguía caminando, mientras en su mente se repetía una y otra vez:
"Hoy puede ser un día muy especial."

Miró uno que otro escaparate, pero no vio nada especial. La duda se le volvía repetitiva, incluso absurda. Nada rompía la monotonía. Nada llamaba su atención: aburrimiento, desolación, cielo nublado, casi opaco, gris. Al final, nada en particular.

—¡Pero no puede ser! —gritó hacia adentro.
Nadie lo notó. Nadie se dio cuenta de que, hasta ese momento, no había visto nada que le diera ánimo para pensar:
"Hoy pudiera ser un día muy especial."

Entonces, una sonrisa pura e infantil lo miró con curiosidad. Como si, en su inocencia, el niño adivinara que él buscaba algo. Algo que hiciera de ese día algo único.

De repente, sus ojos se fijaron en una imagen lejana que lentamente se acercaba, sin mirarlo. Una figura femenina, absorta en algo cercano a él.
Más cerca.
Nerviosismo paralizante.
Más cerca.
Perplejo, notó que aquella imagen que lo hipnotizaba no venía hacia él: se acercaba al niño, el de la mirada interrogante.

Era ella.

Estaba a menos de dos metros. Pero lejísimos.
Cerca, pero tremendamente lejos.

Y sin embargo, se sintió feliz.

Hoy ha sido un día especial. Hoy la volví a ver. Ella ni se percató. Pero yo... yo la vi.


No hay comentarios:

Publicar un comentario