Archivador de pensamiento
Archivador de pensamiento (versión revisada)
Todos tenemos nuestro Archivador de pensamiento. Lo habitual es que contenga varios compartimentos, incluso un cuarto trastero. Se dice que algunos han logrado instalar hasta una caja fuerte del ¿olvido?, con sus propios interrogantes como combinación de apertura.
El Archivador de pensamiento es íntimo, personal y libre. Cuanto más se utiliza, más espacio parece tener. Es influenciable por el afán de archivar —tanto lo bueno como lo malo— y cuenta con su propio juez: tú. También con un defensor: tú. No necesita un divulgador exclusivo, porque solo tú puedes ocupar ese rol. Eres el mejor mediador para gestionar tus pensamientos, incluso cuando mezclas contenidos de distintas estanterías del archivador, que a veces se convierten en auténticas escenas teatrales.
No siempre, pero en la mayoría de los casos, vemos, escuchamos y captamos percepciones de la realidad que inmediatamente archivamos. Sin embargo, a veces algo se atasca. ¿Por qué? Porque no sabemos a qué estante pertenece. ¿Es preocupante? ¿Va al archivo del bien o del mal? Algo ha llamado tu atención; si no, ya estaría guardado en el estante de “ni me acuerdo”.
Es admirable cuando empleamos el Archivador de pensamiento para actividades como la recreación de un paisaje, la evocación de una obra de arte o el simple placer de revivir vivencias gratas. Gracias a los recuerdos, podemos regresar a tiempos pasados, que pueden ser buenos o malos, aunque prefiero pensar que los no gratos tienden a disiparse más que aquellos que nos regalaron elevados momentos de felicidad.


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